12 jun. 2011

"La revolución debiera transformar lo cotidiano en una ética que se realice en el presente perenne"

El jardín de las peculiaridades, ensayo del ser-poeta-anarqusita y siconauta Jesús Sepúlveda ha sido mi último crash in love de la vida, indaga e invita a explorar la conexión y percepción que tenemos de la tierra. Muy recomendado.

La belleza es frágil. Y esto es otra verdad casi irrefutable. A las orquídeas calipsos que crecen bordeando los senderos en el bosque templado les lleva por lo menos nueve años regenerarse. Esto es un acto heroico de palingenesia que se da entre medio del bosque. Su color rosáceo estalla en primavera en las faldas de los pinos. Pero si un intruso palpa sus tallos, mueren pronto. No así si sólo se tocan los pétalos. Ésa es la belleza de la vida: frágil y delicada, como todo lo que pasa por nuestras manos. Los seres humanos no somos sino naturaleza. Pretender lo contrario es caer en la alienación. Es olvidar la belleza. Cuando niños, o niñas, los peques van al zoologico. Esa experiencia es parte de un primer entrenamiento: distanciarnos del resto de los animales. Todos habitamos este planeta, que nutre y brinda alero a todas las criaturas vivientes. El balance entre todos y el planeta es frágil y precario como una orquídea. No buscar la función de la naturaleza, a fin de hallar su utilidad para controlarla y dominarla, parece ser un desafío crucial. En cambio, observarla para apreciarla es buscar plenitud. De ello depende nuestra existencia y la de muchos otros. Por eso desaprender el primer entrenamiento de la infancia para poder disfrutar la belleza que hay en lo natura es una necesidad primordial.



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"Hay dos tipos distintos de enajenación. Una material, que reduce la vida a la sobrevivencia económica. Y la otra ideológica, que genera la deshumanización y la robotización del sujeto. Con la automatización, el ser humano se separa de la naturaleza y de su propia condición natural. Con la
peculiaridad se crea conciencia, rehumanizando y religando comprehensivamente a los seres humanos consigo mismos y con la propia naturaleza. La conciencia no es inteligencia ni conocimiento. Es el reconocimiento del otro, que no sólo ocurre en los términos dialécticos
exclusivos de Hegel entre amo y esclavo. El reconocimiento también puede ser inclusivo. La conciencia permite una convivencia basada en el respeto mutuo y en el reconocimiento recíproco de los otros, que no son sino nuestros propios semejantes: el medio ambiente y las criaturas que lo habitamos y que constituyen la totalidad. La coexistencia sólo es posible mediante una comprensión correspondida de la peculiaridad de todos los otros seres, a fin de establecer una empatía radical por el derecho de todos a la vida."

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"Sabio es entender que sin cariño ni amor, no hay revolución que sea posible."

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"Ante la devastación de la naturaleza, las réplicas del planeta tierra – que es un organismo vivo y consciente – se manifestarán a través de un aumento del calentamiento global, un incremento de los huracanes, los tsunamis, los terremotos, los incendios, etc. hasta que la tecnósfera deje de funcionar”

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